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25 de diciembre de 2010

Shidarezakura

Como todas "esas" ideas, no puedo recordar claramente cuando inicié el proceso de creación para Shidarezakura. Supongo que no hay inicio, sino acumulación de instantes que derivaron en uno en el que descifré la necesidad totalmente natural e inevitable de hacer un kimono. E inspiración como tal la ya la tenía, ¿quién no se ha maravillado por la belleza y el misterio de una geisha? Luego vino la parte intelectualmente divertida de investigar qué significa un kimono, tan asombrosos por su tradicional confección en la que no se desperdicia material y tan astutos para esconder su antiguo propósito de someter a la mujer.

Y un buen día decidí ir a la tienda de telas, sin boceto pero determinada a conseguir la tela principal, aquella que al momento de verla supiera que era la indicada: amor a primera vista con una tela, así la necesitaba y felizmente así la obtuve. Por aquella etapa estando en mi cuarto detuve la vista en un regalo que me dió una persona muy especial y supe que sería ideal incluírlo. A partir de ahí pude bocetar porque ya tenía la base para la paleta de color. Terminando el boceto fue cuando quise bautizarla y encontré el nombre perfecto en una hermosa flor: Shidarezakura, la flor del cerezo que llora.

Todo marchaba mágicamente. Lo siguiente fue dejarme llevar por mi gusto barroco-cauteloso y diseñar los detalles, luego ir en busca del material restante: tules, organzas, tafetas y satín malva, por supuesto. Entrar y salir de las tiendas hasta que el tiempo y el dinero lo permitieron. Dinero, agradezco que me limitara porque así pude incluír flores hechas a mano en vez de ser perezosa y comprarlas ya hechas. Luego trabajar. Cortes, puntadas, arreglos, flores de tela. Y en mis recuerdos siempre estarán las noches previas a las entregas como esta, el desvelo solitario con música favorita de fondo, terminando algún elemento que fue inventado de improviso, como cierta sombrilla que pinté y forré a las 3 de la madrugada. Dormir un poco y finalmente el grandioso día de poner cada pieza en su lugar. El maquillaje y el peinado hacen su aparición, tan divertidos ahora como lo fue con Catrina... esa secreta sensación...






Felices Vacaciones, y que tengan hermosas festividades!!

30 de agosto de 2009

Satín Malva


Después de aquel revoltijo de palabras que sirvieron de excusa acerca de por qué demonios tuve que sacar un blog cuando según yo no tenía nada interesante que expresar, por fin esta es la primera entrada propiamente dicha.
Ni yo misma sé bien de qué temas va a tratar así que, querido lector, me disculparás si llega a pasar que empiezo hablando de una cosa y termino repitiendo por millonésima vez que el morado es mi color favorito, jajja.
Así que decidí comenzar con la blusa que usé para conmemorar mi reciente cumple 23 (ni tratar de esconderlo, soy muy mala guardando secretos) aparte es la que da el título a este blog.
Es solo que adoro esa textura en extremo lisa, que te mueve a recorrerla y no soltarla jamás. Flexible pero sólida. Del color de las uvas que no son naturales y que ayuda a imaginar la época en la que me hubiera gustado vivir.
... y no te miro a los ojos porque tengo miedo escénico

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